
El informe de Corrientes Subterráneas n°6 « Imaginarios revelados: Miradas cruzadas entre migrantes y chilenos», plantea una idea clave sobre las percepciones y estereotipos existentes; no son individuales, sino construcciones colectivas que alimentan una desconfianza mutua entre la población chilena y comunidades migrantes.
La mirada chilena: del prejuicio a la degradación
Desde la sociedad local, la percepción del migrante no aparece como individuo, sino como categorías. Estas clasificaciones vienen cargadas de racialización, violencia y delincuencia, las cuales van creando patrones discursivos -especialmente en entornos digitales-, y que de tanta reiteración, terminan operando como verdad social.
La asociación repetitiva entre migración y delito es una de las más concurrentes. Prácticas como el narcotráfico o la violencia se atribuyen de forma generalizada a ciertos grupos, sin matices. A esto se suma un lenguaje que cruza la línea de la deshumanización: metáforas como “plaga” o semejanzas a animales son frecuentes en redes y, que además de degradar, justifican simbólicamente la exclusión.
En paralelo, el informe detecta una fuerte sexualización. Se reducen a las personas -especialmente afrodescendientes- a estereotipos corporales o morales, donde al igual a lo expuesto anteriormente, vinculan la raza y el origen con amenaza, antes de tener cualquier interacción real.
La mirada migrante sobre Chile
Estos prejuicios no son unidireccionales. Las comunidades migrantes también elaboran imaginarios sobre la sociedad chilena, y muchas veces a partir del choque cultural inicial.
Para numerosos migrantes, Chile es un territorio difícil de hablar emocionalmente, ya que para ellos es una sociedad “fría, distante y poco expresiva”, y al ser algo que perciben a diario, les refuerza sentimientos de marginación.
En ese contexto, emergen sesgos que incorporan una crítica a la ética laboral, donde el trabajador chileno es descrito como “holgazán o deficiente”, en comparación con quienes migran y aceptan condiciones incluso más exigentes.
El lenguaje cotidiano también es un gran factor para los migrantes a la hora de desarrollar estereotipos hacia la población chilena. La utilización de modismos y la rapidez del habla, son percibidos como “lenguaje confuso y desagradable”, lo que conlleva a un obstáculo que los excluye.
Medios, política y amplificación del conflicto
El informe subraya que estos imaginarios no surgen espontáneamente. Cuando los medios y actores políticos instalan la idea de migración como crisis, amenaza o descontrol, no sólo informan: moldean y dan percepción, especialmente en temas de seguridad.
Esta narrativa no solo refuerza prejuicios existentes, sino que contribuye a su validación y, reafirman una mirada jerárquica, donde el migrante queda en una posición de inferioridad simbólica. Para cuando esa idea se instala, todo lo demás encuentra justificación.
Una violencia simbólica normalizada
No siempre hay agresión directa. El resultado de estos estereotipos se reproducen en lo rutinario; memes, bromas y comentarios irónicos que, bajo una apariencia inofensiva, su constante reproducción refuerzan la exclusión.
Más que diferencias culturales, lo que emerge es un espejo de desconfianza mutua, donde cada grupo -chilenos y migrantes- proyecta sobre el otro sus propios miedos, prejuicios y tensiones no resueltas.
Finalmente, aunque sea una apariencia humorística, no es inocente. Se configura una forma de violencia simbólica que afecta la convivencia cotidiana, dejando como resultado no solo discriminación, sino una confirmación de un prejuicio previo.
