Animales en la ley: El giro histórico que redefine su estatus legal en la sociedad Chilena

De “bienes muebles” a seres sintientes, una transformación en desarrollo que tensiona y desafía la histórica cosificación de los animales .

En las últimas décadas, la comunidad chilena ha sido testigo del gran impacto que conlleva el tema de animales y el papel que ahora carga el poseer alguno de estos. Una de las mayores transformaciones implicadas con estos seres, es el ámbito jurídico. Una materia que años atrás jamás hubiese sido posible tal vinculación. 

Esta nueva concepción jurídica respecto a los animales, ha proclamado un cambio histórico en su clasificación, transmutando de “objetos” a el reconocimiento de su “sintiencia”. Este cambio no corresponde solo a nuevas sensibilidades públicas, sino a un llamado masivo de la sociedad, poniendo en tela de juicio nuevas medidas centenarias, y abriendo un debate complejo sobre los derechos de los seres no humanos.

 El fin de la cosificación

Históricamente, el sistema legal chileno ha trabajado bajo una visión de cosificación animal, reforzada por concepciones que les califican como objetos susceptibles de apropiación, y formalizada en el artículo 567 del Código Civil, donde también se observa la clasificación explícita de “bienes muebles”. Bajo este marco, los animales eran tratados meramente como objetos susceptibles de adquisición.

No obstante, este prototipo comenzó a desintegrarse antes de lo imaginado. A fines de los años 80, se estableció la ley 18.859 -la cual consiste en las primeras penas de cárcel por maltrato animal-. Posteriormente se fueron presentando más leyes en una menor cantidad de tiempo, llamando la atención del ojo público.

Hitos como la ley 20.380 (2009), establece normas destinadas a conocer, proteger y respetar a los animales, y de manera más robusta, se implementó la ley 21.020 (2017) más conocida como  “Ley de tenencia responsable”. Estas leyes marcaron un antes y un después para dar inicio a elevar los estándares de protección y responsabilidad humana hacia los animales, marcando a su vez un camino hacia un trato más digno a estas especies.

El debate por la sintiencia: ¿Sujetos de derecho?

La discusión además de estar presente en las conversaciones digitales, ha ascendido recientemente a esferas políticas de alto rango. Un claro ejemplo fue en el debate constitucional chileno, en donde se formuló reconocer a los animales como seres sintientes y potenciales sujetos de derechos. Aunque la propuesta no prosperó, dejó la carta en mesa para cuestionarse sobre cómo integrarlos al ámbito jurídico sin exigirles obligaciones, semejante al estatus de personas humanas no autosuficientes.

El alcance del término “sintiencia” también llegó a grupos productivos más visiblesl. Una indicación a la Ley de pesca en el año 2024, buscó reconocer a los peces y otros animales marinos como seres capaces de sentir dolor y placer, por consiguiente, demandaron por el respeto de su bienestar físico y mental durante las faenas. Este nuevo movimiento evidencia un choque entre perspectivas sensocéntricas —enfocadas en la capacidad de sentir— y visiones biocéntricas, que reivindican el valor intrínseco de toda forma de vida.

Desafíos  y vacíos legales

A pesar de lograr algunos avances, no todo es luz verde. Expertos indican ciertos vacíos en materia de protección animal. Algunas de las que se encuentran son; La falta de una tipificación específica para la zoofilia, la ausencia de registros formales para cuidadores institucionales de animales maltratados, y las limitaciones en la eficacia de las políticas de cuidado de animales domésticos en situaciones de abandono. Esto da hincapié de que la transición referente a la percepción del animal como “objeto” a potencial “persona no humana”, se mantiene como una disputa latente, entre lo legal y moral.

Mientras que la legislación evoluciona, el acuerdo social parece inclinarse cada vez más fuerte hacia el deseo de que los animales no solo deben ser protegidos, sino que puedan existir como sujetos capaces de tener dignidad y bienestar propio, siendo también parte de los ejes centrales de la sociedad civilizada y compasiva que debiese ser la sociedad chilena.

Deja un comentario