Los “princesos” y la renegociación de la masculinidad en redes 

El término “princeso” se ha instalado en redes sociales para cuestionar a hombres que no encajan en la figura tradicional del hombre proveedor. Esto se evidencia en el informe #5 «Feminismo, princesos y mujeres de alto valor: una definición de roles en disputa» de Corrientes Subterráneas, en el cual aparecen tensiones aún más profundas vinculadas a discursos sobre igualdad y nuevas formas de entender las relaciones afectivas. 

En redes sociales, la figura de “caballero” para referirse a los hombres pierde cada vez más terreno. Durante años, el ideal masculino -asociado al momento de la conquista tradicional-, estuvo sostenido sobre ciertos comportamientos considerados casi obligatorios: pagar la cuenta, tomar la iniciativa o asumir el rol protector dentro de la relación. Sin embargo, en plataformas como TikTok o X, las discusiones más repetidas son las que cuestionan si esas dinámicas siguen en la actualidad y ponen en mesa una nueva etiqueta: el “princeso”.

El término suele utilizarse de manera irónica principalmente, por mujeres, para referirse de manera irónica o sarcástica a hombres que esperan que la mujer tome la iniciativa, comparta los gastos o incluso pague la cuenta. Más que una simple burla digital, este concepto refleja un cambio en las expectativas sobre lo que significa “ser hombre” dentro de las relaciones que existen hoy en día.

El informe señala que el poder adquisitivo continúa siendo un elemento central en la creación de la masculinidad. Para muchos usuarios, el ideal masculino sigue estando asociado a la estabilidad económica, la capacidad de proveer, seguridad y liderazgo. La figura del “hombre proveedor” continúa apareciendo como un atributo deseable dentro de las relaciones.

Pero al mismo tiempo emerge una oposición masculina frente a ese “ideal”. En redes sociales, algunos hombres jóvenes defienden el “50/50” (dividir gastos) no necesariamente desde la tacañería, sino desde una idea de reciprocidad, frente a lo que consideran una “doble moral” de mujeres que piden igualdad, pero al mismo tiempo quieren ser mantenidas. 

La discusión se intensifica con la aparición de conceptos como “energía masculina” y “energía femenina”, popularizados por contenidos de coaching y pseudopsicología que buscan justificar estos roles. Bajo esta lógica y tendencia digital, la mujer “en su energía femenina” es receptiva y debe ser cuidada, manteniendose en una posición más pasiva dentro del vínculo, mientras que el hombre debe liderar, resolver y proveer, y si este se encuentra con una “energía femenina” aparece como “princeso” ya que es visto como “débil”, “pasivo” o “poco masculino” por no cumplir el rol tradicional.

Más que desaparecer, los roles de género parecen estar entrando en una etapa de reestructuración fija. Mientras algunos hombres critican que se les siga exigiendo comportarse como “hombres de antes”, también cuestionan que las mujeres ya no respondan al modelo tradicional femenino que existía en el pasado, asociado al cuidado del hogar o la dependencia económica.

En ese escenario, el “princeso” deja de ser solamente un meme o un insulto viral, sino que permite analizar los cambios profundos a nuevas reglas afectivas, identidad masculina y las expectativas economicas en las relaciones modernas.

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