Al inicio de esta década, un diagnóstico pareciera ser común respecto a la convivencia social: vivimos en un país altamente fragmentado. La polarización sería una condición en la discusión pública, donde las posiciones de los diferentes grupos y actores, se distancian cada vez más. Las plataformas de redes sociales jugarían un papel clave en esta situación, en tanto que promueven condiciones particulares para las dinámicas de flujo de la información que incentivarían la fragmentación y la polarización.
Esto presenta un desafío para la sociedad democrática contemporánea, debido a que la posibilidad de encontrar acuerdos se percibe como algo cada vez más difícil. Los diferentes actores enarbolarían discursos que defienden posiciones de sus grupos, internas, que parecieran no encontrar puntos de acuerdo con los otros, externos. Situación que se potenciaría por el desarrollo de algoritmos basados en el consumo selectivo, por la formación de comunidades de pensamiento similar que hacen eco de sus propios comentarios, por quienes evitan consciente informaciones que van en contra de sus creencias, así como por la circulación de información falsa, entre otros procesos.
¿Es posible hallar puntos de encuentro entre las distintas posiciones presentes en la esfera pública? como Laboratorio de Conversación Pública creemos que sí, y queremos ser un aporte en la comprensión de la heterogeneidad de grupos y segmentos de opiniones. Para ello, la primera tarea que nos hemos propuesto, es observar las conversaciones que la ciudadanía –organizada y no organizada– desarrolla sobre los temas que son comunes. Asumimos como una tarea fundamental buscar claves que permitan entender lo que los actores opinan y proponen sobre los asuntos que nos importa.
Entendemos a la opinión pública como un entramado complejo de actores que se relacionan e intercambian opiniones sobre temas comunes. Son redes de carácter abierto, que vinculan a personas y grupos que se comunican a través de distintas plataformas con diversas intencionalidades. Algunos actores se relacionan principalmente con grupos internos, mientras que otros deciden interactuar (o enfrentarse) con quienes pertenecen a otros. Estos grupos no son estáticos y van modificándose permanentemente, mutando a través de las distintas interacciones que desarrollan y reconfigurando la forma y alcance de los mismos grupos. En algunos momentos, ciertos grupos están más cohesionados, en otros, tenderán a las fragmentación y al conflicto. La opinión pública es, ante todo, un proceso relacional y dinámico, en el que los flujos de información son su centro.
Para ello, utilizamos la información pública disponible, la que para nuestra suerte ha tendido a una digitalización (casi) completa. A través de diversas plataformas, la ciudadanía entrega sus puntos de vista, discuten la posición de otros o, derechamente, se enfrentan contra otros. Son canales de información que se sostienen en tecnologías que la mayoría utilizamos diariamente: desde aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp o Telegram, pasando por plataformas semipúblicas como Facebook o Instagram, hasta plataformas completamente públicas como Twitter o Youtube, los distintos actores están permanentemente comunicándose.
¿Qué actores nos interesan? Desde luego, aquellos que disputan el poder. El mundo político y empresarial está constantemente entregando sus visiones a través de distintos canales. La sociedad civil organizada también busca participar del debate, con la intención de influir en el debate de los temas que nos interesan. Los medios de comunicación también son centrales, no sólo porque a través de ello se puede saber lo que los distintos actores piensan u opinan, sino que, también porque son otro de los actores que busca influir en el debate. Los grupos de medios son fuente de información para entender a los distintos actores de la opinión pública, así como actores dentro de la discusión.
También nos interesa la ciudadanía de a pie. Aquella que si bien tiene un interés potencial en los asuntos que se discuten en el centro del poder, posee otras preocupaciones cotidianas que son más inmediatas y pragmáticas. Por su puesto que sus vidas también se ven afectadas por las decisiones de los actores más influyentes y, por tanto, también conversan sobre los asuntos que están presentes en la agenda. Buscamos entender sus conversaciones en la vida diaria, sobre los temas que les afectan de manera directa y a los cuales prestan atención.
En concreto, el proyecto del Laboratorio tiene dos ejes. Por un lado, un análisis de la agenda que están en los medios de comunicación, centrando la atención en los actores que disputan el poder. Por otro lado, un análisis de la conversación ciudadana en la vida cotidiana, poniendo el foco en microgrupos temáticos en los que las personas conversan sobre las cosas que importan colectivamente. Nuestra intención es entender el diálogo, en diferentes espacios de interacción, tratando de observar aquellas cosas que son comunes y aquellas que son distintas en las posiciones, ideas y debates en torno a los temas que nos preocupan.
Agosto, 2023.
Imagen: La discussion politique, Émile Friant, 1889.
Cómo citar esta publicación:
Laboratorio de Conversación Pública (2023). La conversación pública hoy: Apuntes iniciales. Disponible en https://conversacionpublica.cl/2023/11/01/conversacion-publica-hoy/
